Asi es queridos mios, después de semana y media de encierro total gracias a la inlfuenza/influencia (gracias señor López Doriga y demás celebres figuras del medio por acuñar este nuevo vocablo) el viernes llegó la hora de festejar mi cumpleaños en compañia de grandes amigos y litros de alcohol. Y como a los comunicólogos no hay que decirles dos veces que hay alcohol en la casa... pues todos a chupar como si el mundo se fuera a acabar! Y así transcurrio la noche como normalmente suele ocurrir en nuestras fiestas con gente girando en el pasto, 3 propuestas de matrimonio, nuestro intento de desafiar a la ciencia al intentar empollar las cervezas y provocar una reacción de mitosis.... en fin.
Pero despues de chupar, chupar y rechupar que mejor lugar para terminar la velada a las 3:30 am que en un camellón comiendo tacos junto otros cientos de chicos alcoholizados en los famosos "CHUPAS". Y tendrán que congeniar conmigo queridos mios en que el momento cumbre de una noche de copas es cuando recibes en tus manos un plato con una tortilla y carne de dudosa procedencia y en menos de cinco segundos tu amiga Jimena conisguió convertirlo en un enorme monumento cargado de papas, cebollas y aderezado con harta salsa; y tú no dudas y te lo zampas enseguida. Y es así como la velada finaliza porque la cruda y la indigestión del otro dia, ahhh caray si que es una maravilla!
6:23 PM
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2 comentarios:
jajajaja que hermoso, y bueno que decir de cuando juramos ser chicos malos y no estabamos retirando sin pagar, cantando ebsitos noventeros y lo mejor de la noche jaja tu cabello era un desastre y super cepillo colorado salio a tu rescate jajaja, por muchas noches de estas! saluuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuud!
Que delicia el momento en que dos tortillas y un poco de carne/longaniza/suela de zapato/restos de coladera/polvo/puente de churubusco...se convierten en un sendo pastel Azteca gracias a la semi-cocida cebollita, el poderoso frijol, la consistente papa, el prescindible nopal (pero igual le echas) y dos tres cebollitas de habanero (porque ya echarle ese chile naranja está cabrón).
Esos son los momentos que sólo la juerga te puede regalar.
Salud Carlita
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